No te toques, no te manches y que no te duela

Publicado hace 7 meses

Por Andrea Rivas

Las narrativas dominantes de la autoproclamada industria de “protección femenina” sobre nuestros cuerpos con capacidad de menstruar,  son una de las herramientas más poderosas del heterocispatriarcado para ejercer su opresión y su control reproductivo mediante políticas de vergüenza  que se inscriben con un alto costo en las personas que somos menstruantes. 

En nuestra pubertad pasamos desde el silencio lapidario sobre la menstruación a un anuncio de celebración desmesurado: “te vas a hacer señorita”. Aunque no quiera, aunque no lo sea, aunque ni siquiera imaginaba a mis 10 años que en esas palabras se me estaba sexualizando, se me estaba hablando de la posibilidad de gestar. Hoy miro atrás, y veo ya en esos discursos la inscripción de la cultura de la violación en nuestros cuerpos de niñes, una autonomía borrada, y una sola sexualidad posible: la heterosexual reproductiva. Entonces al binarismo impuesto de la niñez, al cuerpo niñe con capacidad de menstruar, la imposición de gestar y, por ende, la certeza de “convertirse” en mujer (hererosexuada), única “transición” socialmente válida. 

El lenguaje como herramienta de creación de poder patriarcal y de la vergüenza se manifiesta en la imposibilidad de nombrar la menstruación como tal, sino como la visita mensual de un hombre, o lo normado dentro de un período o regla sometida necesariamente al ciclo reproductivo como lo esperable de la niña-mujer socialmente útil. La sobreabundancia de apodos y sobrenombres no es exclusiva de la menstruación, pero sí del resto de órganos y hormonas involucrados en la reproducción o prácticas sexuales de los cuerpos con capacidad de gestar. 

Dentro de estas políticas de vergüenza se inscribió también la “suciedad” del cuerpo menstruante, que debe sentir vergüenza de estar menstruando, no mancharse y tampoco sentirse apto para ser tocado, aunque a muches nos caliente tener sexo cuando estamos menstruando, lo que no importa a vista del patriarcado, porque nuestro único fin no se puede concretar. Esta “pérdida” de sangre, que resuena al aborto, desde las narrativas del discurso dominante nos “bajan” la idea de que ese cuerpo no fecundado, es un descarte inservible que debe ser ocultado porque no cumplió con su tarea reproductora, y mientras menstrúa debe ocultarse, porque no es apto para su función tampoco. 

Nuestros cuerpos fueron sometidos por el mercado y la industria a un ejercicio de control y vigilancia para ser funcionales aún durante la menstruación: el mercado aprovecha la vergüenza, la hace hiper rentable creando una necesidad para una nueva clase de consumidores: los cuerpos menstruantes que deben sentirse limpios y disimular su inutilidad. 

¿Y cómo nace esta necesidad fundamental de los productos de “protección femenina”? En 1915, Kimberly Clark en Estados Unidos comenzó a fabricar “cellucotton” un sustituto más económico al algodón que había subido su precio desde la emancipación de la exclavitud. Este producto fue un éxito ya que se vendió a hospitales e inmediatamente desatada la Primera Guerra Mundial, el Gobierno de Estados Unidos y la Cruz Roja fueron los principales clientes. Cuando se produce el fin de la guerra a la empresa se le cancelan dos contratos equivalentes a más de 600 toneladas de cellucotton. Kimberly Clark decidió que no iba a afrontar esa pérdida de ganancias, y tomaron,  según sus dichos,  la idea de las enfermeras de la Armada Norteamericana que habían improvisado dicho material para hacer “toallas higiénicas”. Faltaba sólo crear la necesidad de consumo y ejercer el poder en los cuerpos menstruantes usando narrativas que prometen una liberación de esta carga o por lo menos una ocultación de la vergüenza. El negocio usó la publicidad cargada de discursos de poder dominantes con estereotipos de género y resultó altamente rentable. 

La construcción del cuerpo femenino como el único menstruante que responde a un cuerpo legítimo como reproductor, o sea el de la mujer cis heterosexual no sólo fue instalado por la publicidad y la creación de una necesidad de consumo sino que se usó la “educación” de las empresas fabricantes de productos de “higiene” menstrual como reproductora única indiscutible de una explicación de la menstruación como ese ciclo indispensable para la reproducción: ese nido vital para alojar al ovulo fecundado por el esperma luego de un coito entre mujer cis heterosexual y hombre cis heterosexual. 

Antes de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (Ley 26.150), la mayoría de nosotres fuimos educades por una hora y media en el último año de la primaria por una empleada de Johnson & Johnson que entraba sin ningún problema a la escuela a explicarnos cómo este ciclo maravilloso nos iba a permitir ser madres. Adolescentes heterosexuales, lesbianas y bisexuales y  más, estábamos obligades a estar sentades, viendo por primera vez los efectos de una penetración eficaz en el día correcto para alcanzar nuestro propósito, y, por si eso no sucedía, estaban las toallitas o tampones. No recuerdo a ninguna familia, directive o iglesia escandalizarse por esa información a diferencia de lo que sí sucede con la Educación Sexual Integral. El mercado regulador de nuestros cuerpos, como tecnología de género, le gana nuevamente a un Derecho Humano. 

Para comprobar si esto sigue pasando me anime a navegar dentro de la web de Johnson & Johnson en la sección de “protección femenina”. Apenas arribo a su página, la imagen que me recibe es una mujer joven, flaca, rubia de ojos celestes, sonriente mientras anda en bicicleta y atrás la sigue un hombre, también sonriente. Seguramente la pueda alcanzar para cuando no le “baje más”. 

Luego de ver sus cuatro tipos de productos: toallas, tampones y protectores diarios me voy en un click a la “Campaña Educativa”.  Entro en la parte dedicada a niñes de primaria, donde sólo hay información para niños cis y niñas cis, hetreosexuales. Las niñas y adolescentes lesbianas, bisexuales, trans, así como los cuerpos queer no tienen espacio ni lugar en esta fecundación normada, por lo que no importa que sean cuerpos menstruantes.

¿Qué le dice esta empresa a las niñas sobre qué es la menstruación?: “La menstruación significa que tu cuerpo ya está preparado para tener un bebé…¿Cómo se genera la menstruación? Cuando los ovarios liberan un óvulo, éste espera ser fecundado por un espermatozoide y viaja por las Trompas de Falopio hasta el útero, donde cada mes se forma un tejido para alojar al futuro bebé. Pero si no hubo fecundación, el óvulo se desintegra y el tejido se desprende gota a gota, saliendo hacia el exterior a través de la vagina.Rápidamente hace unas recomendaciones: “¿Qué productos me convienen? Los productos que elijas serán muy importantes. Existen diferentes variedades de toallitas: tela suave cubierta de algodón (más cómoda) o de tela plástica (que absorbe mucho más rápido). Hay ultrafinas y normales, con alas y sin alas. Además, pueden tener distintas formas: anatómicas, adapt y tanga. Y también están las nocturnas, que son las más grandes para cuando te vas a dormir”.

Recorriendo las diferentes secciones podemos ver la construcción de la pequeña consumidora, y cómo se bombardea su cuerpo y sus elecciones con información distorsionada debido al marketing. No es libre, no está informada y lejos está de tener la intención de generar algún tipo de autonomía. La niña cis heterosexual aprende que para cada actividad de su vida mientras está menstruando no solo tiene productos que la ayudan a descartar ese momento de pérdida, sino que puede disimularlo y aliviarlo si le duele mediante medicamentos específicos. En el caso de tener acné por menstruar se le dice a la niña que lamentablemente este es un hecho de la realidad de convertirse en mujer durante este momento (“que está buenísimo”) de crecimiento y la empresa le sugiere dos cosas: paciencia y un producto de limpieza facial de marca de la mismas empresa. 

¿Podrá la niña cis heterosexual hacer actividades como si no estuviera menstruando? La campaña de educación de la empresa nos cuenta: “¿Puedo practicar deporte si estoy con el período?…Un tampón asegura una protección efectiva durante la práctica de deporte y de otras actividades físicas. Este permite el movimiento libre y natural. Así puedes continuar haciendo todas las cosas que te gustan aunque estés con el periodo. Si queres hacer deporte, los tampones son ideales. Ellos te proporcionan la libertad e independencia para hacer lo que normalmente haces.”

Mientras la niña cis heterosexual es “educada”, las otras identidades de niñes lesbianas, no binaries, bisexuales, queer, también aprenden: el silencio, su marginalidad, la prohibición de ser por parte del patriarcado, y van conociendo un lugar solitario y sofocante: el armario. 

 Paré de navegar por un momento por esta página porque me asaltó una duda muy grande: ¿hay información clara, simple y adecuada como exige la ley para niñes de parte del Estado Argentino sobre la menstruación? ¿Qué pasa si googleo “menstruación” así de una? Googleé “Menstruación” para resolver en un click mis dos preguntas: del Estado o Ministerio de Salud, no encontré nada al respecto y llegué hasta la tercera página del buscador. Fue decepcionante. Solamente una breve explicación del Gobierno de Mendoza, también binaria y haciendo referencia a la función reproductora de gestar como principal eje de la menstruación. 

Entonces ¿qué haría yo si tuviera 11 o 12 años para buscar información? ¿Trataría de preguntarlo en la escuela en clases de ESI? Tal vez sí, si el espacio fuera de cuidado y si supiera que nadie me haría bromas luego, lo haría. Pero si no tuviera ESI como sucede en la mayoría de los casos en las escuelas primarias ni tampoco es la menstruación uno de los temas de los que se habla,  seguramente recurriría a Tik Tok. Claro que entré a esa app y búsque “menstruación”: lo primero que me salieron fueron consejos de cómo tener sexo mientras tengo menstruación, luego una chica con su novio haciendo una broma diciendo que si no menstruaba era porque capaz estaba embarazada y por último, lo que parecía un dulce niño de 13 años pidiendo que no discriminen más a sus amigas por tener que ocultar su menstruación, pero con una conclusión que tuvo un sabor amargo: concluyó que esto no debía pasarle a ninguna niña en el mundo ya que este “proceso” era la maravilla que hacia que todes estuvieramos acá en la tierra viviendo. 

¿Esto significa que la mejor opción para les niñes son estas campañas “educativas” de publicidad engañosa? Lo que significa es que, desde el punto de vista del derecho, consumidores hiper vulnerables como les niñes ven violentados sus derechos sexuales y reproductivos y su derecho a la salud que es un derecho humano. Por un lado, esta publicidad es abusiva ya que se basa en emociones y sugerencias directas, atacando la libre elección y “penetrando” su intimidad mediante el manejo de mitos y de miedos.

En primer lugar este tipo de publicidad bajo la forma engañosa de educación va en contra de lo establecido en la Ley N° 26.061, sobre protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes así como de sus normas complementarias y/o modificatorias.

No viene mal recordar que ya la Ley N° 22.802 de Lealtad Comercial establece en  su art. 9º que: “Queda prohibida la realización de cualquier clase de presentación, de publicidad o propaganda que mediante inexactitudes u ocultamientos pueda inducir a error, engaño o confusión respecto de las características o propiedades, naturaleza, origen, calidad, pureza, mezcla, cantidad, uso, precio, condiciones de comercialización o técnicas de producción de bienes muebles, inmuebles o servicios”

El Código Civil y Comercial, en su artículo 1101, inc. a establece la prohibición de  toda publicidad que: “contenga indicaciones falsas o de tal naturaleza que induzcan o puedan inducir a error al consumidor, cuando recaigan sobre elementos esenciales del producto o servicio”.  El art. 81 de la Ley 26.522 establece: “h) La publicidad destinada a niñas y niños no debe incitar a la compra de productos explotando su inexperiencia y credulidad.”

Podría seguir citando leyes pero vuelvo a las politícas de la verguenza como mecanismo opresor del género y de la construcción social de una mujer cis heterosexual mapeada y diagramada en sus elecciones, en sus gustos y en sus estereotipos desde niña, la única legitimada en tanto responda a su funcional social útil. 

Hoy nadie (ni el Estado) detiene estas campañas de marketing que se meten en la sexualidad y salud de niñes y adolescentes. A nadie parece molestarle leer lo que enseña Johnson & Johnson cuando explica la relación entre los sentimientos y el sexo: “Las hormonas también son las encargadas de hacernos reaccionar cuando alguien nos gusta. Pero las chicas y los chicos reaccionamos de manera distinta ante un beso o una caricia. En las chicas, los estímulos suelen estar vinculados a lo afectivo o al romanticismo. Los chicos también se enamoran, pero sus cuerpos se comportan de forma diferente. ¿Por qué es diferente? Como los varones y las mujeres tienen órganos sexuales diferentes, los sentimientos sexuales que surjan a causa de las hormonas que éstos generan, ¡también serán diferentes!”

La heterocisnorma del marketing del patriarcado ya sometió a la niña cis a que es válida en tanto heterosexual, tiene normado que su calentura va a pasar por una romantización y ya está avisada de que los niños van a tener otros sentimientos y no esos. Claro que no los explica porque las únicas personas que considera “pasivas” de explicación son las mujeres útiles. Ya recibió el mensaje: los hombres hacen lo que quieren y nada de explicaciones. 

Las tecnologías propuestas por la industria del “cuidado femenino” que son descartables tales como las toallitas y los tampones también tipifican una fuerte relación de la menstruación con el cuerpo menstruante y sus “sentimientos”, imponiendo una lejanía, un concepto de basura, un cuerpo que debe ser higienizado porque sino está sucio, da mal olor y no solo puede “manchar” y mostrar su signo de vergüenza infértil no reproductiva, sino que además esta lejanía implica una desconexión con el propio cuerpo, el no poder tocarse esa sangre, la vulva.  La lejanía del descartable también disciplina esa relación que vemos que transmite la “campaña educativa” de la empresa en la parte de sexo y sentimientos: la niña-mujer-madre cis heterosexual no puede esperar otra cosa que un descarte tras otro de su romanticismo en tanto no se ordene en la función social que le impone el patriarcado. 

La lección de la campaña siempre indica que las otras identidades como las trans o las no binarias y las sexualidades no heteronormadas, quedamos marginadas, nuestra menstruación ni siquiera importa, somos como esa sangre vergonzosa que mancha,  fuera de la “regla”. Aunque no nos nombren y no nos “eduquen” estas campañas, menstruamos y salimos del armario.  A pesar de que la única indignada por la justicia menstrual sea una conocida conductora de TV y un importante medio digital de noticias le de una nota de opinión pidiendo “educación”, está claro que pide la educación de la industria autoproclamada del “cuidado femenino”. Eso no está en duda ya que le parece muy ofensivo que muchas de las lesbianas no nos autopercibamos como mujeres. Esa nota sí se encuentra rápidamente en el buscador de internet

Cómo escribió Effy Beth en ‘Nunca serás una mujer: Primera menstruación’: “si la verdad se encuentra mediante el artificio, ¿cuál es el artificio? ¿Artificio es lo que tomamos o lo que somos? ¿Cuál es la mentira?” Entonces, la menstruación que es nuestra salud ¿sigue  siendo preformateada para seguir dejándonos en el silencio, en la vergüenza, en el armario y en la ilegitimidad?